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Negros los ojos, de mirar profundo,
roja la boca, como abierta herida,
macizo el cuello, la cabeza erguida
y erguido el pecho de perfil rotundo.
Un corazón muy grande y un jocundo
sentido del amor y de la vida,
y un alma que se abre estremecida
a los sueños liricos del mundo.
No aspiro a nada más. Toda mi gloria
la cediera feliz si de mi historia
borrado del olvido en el secreto
Sólo quedará este recuerdo grato:
una mujer amé: he aquí el retrato;
un soneto escribí: he aquí el soneto.
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Etiquetas: Poemas de amor
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