Cantemos a la jineta
y lloremos a la brida
la vergonzosa carda
de don Germán el poeta.
Pues a centauro se atreve
para celebrar su parto
aquel feliz, si lagarto,
que lo fuera de las nueve,
por dar al cristal la nieve
cisne sí, no gallareta,
en la chinampa discreta
de Cúntico celebremos,
y en tanto que lo leemos,
cantemos a lo jineta.
No daba aún sus Julio flores,
sus Xochimilco amapolas,
chalupas sus barcarolas,
Carlitos sus estertores,
que Germán, con sus mejores
versos dio su despedida;
por la trabajosa vida,
en la pagina sagrada
gimamos a la cerrada,
y lloremos a la brida.
No son todos clavileños
rosas ocultas en cardos,
si de noche todos pardos
Nandinos barbilampeños;
si de Faraón los empeños
suerte tuvieron dolida.
Sancho excusara en mentira
fábula su horrible sino
y, montado en su pollino,
la vergonzosa caída.
Atrevíase, pues, al vuelo
a Centauro o Rocinante,
por senda que en un instante
llenó de orines el cielo.
Resbaló, vínose al suelo
como búcaro o maceta,
y la bestia no sujeta
del pie le priva y nos priva,
mientras con el otro escriba,
de don Germán el poeta.
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