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Con la vista clavada sobre la copa
se hallaba abstraído el padre desde hacía rato;
pocos momentos hace rechazó el plato
del cual apenas quiso probar la sopa.
De tiempo en tiempo, casi furtivamente,
llega en silencio alguno que otra mirada
hasta la vieja silla desocupada
que alguien, de olvidadizo, colocó enfrente.
Y, mientras ensombrecen todas las caras,
cesa de pronto el ruido de las cucharas
porque insistentemente, como empujado
por esa idea fija que no se va,
el menor de los chicos ha preguntado
cuando será el regreso de la mamá.
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Etiquetas: Poemas de amor
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