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La luz se me hizo sombra, de repente,
Y de repente la felicidad fue gemido.
Se convirtió la vida en tiempo herido
Y la pena fue huésped exigente.
Derramó la crueldad su voz hirviente.
Se borró la ternura y lo vivido,
Y se inclinó el recuerdo malherido
Para buscar su dulce voz ausente.
Y sin embargo, tengo la esperanza
De recobrar tus jardines ilesos,
Cantando su dulzura y su hermosura.
Y en la luz incendiada de los besos,
Superada ya toda desconfianza,
Voy a decirte amor hasta los huesos.
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Etiquetas: Poemas de amor
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