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Hay quien arroja piedras a mi techo y después
hurta hipócritamente las manos presurosas
que me dañaron...
Yo no tengo piedras, pues
solo hay en mi huerto rosales de olorosas
rosas frescas y tal mi idiosincrasia es,
que aun escondo la mano tras de tirar las rosas.
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Etiquetas: Poemas de amor
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