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Por ti he liberado mil veces
el cáliz de la amargura...
Óyeme bien: si algún día
con voz de amor y de angustia,
clamases perdón llorando
de hinojos sobre mi tumba,
se irguiera ante ti mi sombra
y airada dijera: ¡nunca!
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Etiquetas: Poemas de amor
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