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Es aquí donde reposa
de mi madre el cuerpo frío;
y es aquí do el llanto mío
debe la tierra empapar.
Porque la tumba que guarda
nuestra reliquia más santa,
es la mansión sacrosanta
donde debemos llorar.
Que es la lágrima del cielo:
don precioso para el hombre,
bálsamo rico, y sin nombre
que la alcance a reseñar;
ella sola, si sufrimos
sobre el alma fiera pena,
lava el dolor que envenena,
cura el intenso pesar.
Es la esencia que embalsama
del corazón la honda herida,
cuando se postra afligida
del espíritu la fe,
cuando la luz importuna
y las sombras preferimos
porque en las sombras sentimos
algo del ser que se fue;
cuando sin fe ni esperanza
lloramos el bien perdido;
cuando es la vida un gemido,
un eterno sinsabor;
cuando la risa que asoma
a nuestro labio marchito
es el lamento infinito
de un infinito dolor.
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Etiquetas: Poemas de amor
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julio cesar cruz says:
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| Megusta mucho la literatura me recuerdo de mi papá Cuando me decía que la persona que lee es sabia |
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