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Muerdo la suave carne de su nombre
y defiendo en los labios la palabra.
Obstinados, los dientes se rehúsan
a que el miedo congele cada sílaba.
En mi lengua hay un pozo que guarece
al universo anónimo del fuego.
Todos los que se cruzan
Conmigo en las esquinas desconocen
la extensión abrasada de la sed,
el territorio ajeno
Que palpita debajo de mi piel,
como una subrepticia e inclemente
invasión de la ausencia.
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Etiquetas: Poemas de amor
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