Nuestro amor no está en nuestros respectivos
y honestos seres, nuestro amor,
tampoco en nuestra boca, ni en nuestras manos,
todo nuestro amor guardase con pálpito
bajo la sangre pura de los ojos.
Mi amor, tu amor esperan que la muerte
se robe los huesos, el diente y la uña,
esperan que en el valle solamente
tus ojos y mis ojos queden juntos,
mirándose ya fuera de sus órbitas,
más bien como dos astros,
como uno.
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