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Tu canto puso un beso en el oído
Y con tal gesto me otorgó la espina
Y la gloria del fuego que declina,
Pero en la carne queda suspendido.
Tu vuelo fue a la vez ala y sonido,
Cuerda vibrando sola, cristalina
Sombra besando el valle y la colina
Y buscando el recodo sorprendido.
Y desde entonces voy, crucificada
Por la verdad, herida en la alegría,
Tejiendo en tu silencio mi morada.
En esa solitaria compañía,
Soy el eje, la luz enamorada,
Fija en la rotación del mediodía.
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Etiquetas: Poemas de amor
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