Enviado por: David Pon Ramirez
Una noche soñé que existía una higuera,
Tú subías a cortar ese fruto que el excelso paladar desea,
Yo detrás de ti, con infinita ternura te seguía;
De repente volteabas y con un guiño,
A la vez que sonreías, me decías,
Nunca me dejes vida mía.
Esa noche desperté, sonriendo a la vida y,
Golpeando mi sien con alegría,
Te dije con emoción bien de mi vida,
Que dicha haz dado a mi vida.
En ese instante nace un parte aguas,
Se quedan tristezas e ironías
Surge un futuro lleno de paz, amor y armonía.
|
Escribe tus comentarios