Mujer, hay en mi amor un dulce y franco
sollozo de fontana,
un misterioso sol en la mañana,
un pedazo de luna como un blanco
latido, y un cantar en mi ventana...
Toda tu, toda tú que te deshojas
en balcón como una primavera
de música, de luz y enredadera,
con la amistad profunda de tus hojas.
Magia impecable de tu voz de trino,
rosas y rosas de tus manos frágiles,
piedras preciosas de tus ojos, vino
sentimental de tus cabellos ágiles.
Y tu cuerpo que puso en mi camino
un afán de sentirme diamantino...
con tu nombre inactual de colegialas
secuestras todos mis anhelos sabios...
¿No sientes que tu nombre se resbala
mansamente a la sombra de mis labios?
Te sueño a veces pensativa y franca
para mi corazón, tal una gota
que cae en la ilusión de mi derrota
como en la cuenca de una mano blanca...
¡Mujer, te doy las gracias porque pones
la amistad de tu lánguida pupila
en el santo dolor de mis balcones;
te doy las gracias porque me destila
miel de abeja tu voz... por tus sonrojos
que son la esencia de la aristocracia,
y porque yo he soñado que en tus ojos
se va infantilizando mi desgracia!
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