Ascua es amor, y a veces es ceniza
Y siempre es brasa intensa y quemadura.
Aunque dulce, quemante es su dulzura
Y fugaz es la carne que eterniza.
Luminosa ceguera, llanto y risa,
Doloroso placer, dulce amargura,
Loca prudencia, lúcida locura,
Carne rebelde y voluntad sumisa.
Derramada la líquida armonía
De su lenguaje en singular estado
El corazón renueva su osadía.
Y en medio de la nieve, enamorado,
Siento que con dulcísima porfía
Me recorre un incendio desatado.
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