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Nuestra senda regada está de llanto,
el placer del placer es el suicidio,
detrás de la ilusión está el fastidio
y detrás del fastidio el desencanto.
Lleno yo de fastidio y de quebranto,
sin fuerza ya contra la suerte lidio,
y muerto para el mundo, solo envidio
a los muertos que guarda el camposanto.
El infierno sus furias desenfrena,
viento de maldición en torno zumba,
que a penar el destino me condena,
y he de pensar hasta que al fin sucumba;
con el peso brutal de la cadena,
que arrastra el hombre hasta la negra tumba.
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Etiquetas: Poemas de amor
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