Cuando haya muerto ¡Oh dulce amor mío!
no cantes para mí tristes lamentos;
no pongas junto a mí rosas de nácar,
ni plantes junto a mí cipreses tétricos.
Esté la verde yerba que me cubra
mojado por las lluvias y el rocío,
y si te es grato recordar, recuérdame;
si te es grato olvidar, dame el olvido.
Yo no podré ya ver las tristes sombras
ya no podré escuchar caer la lluvia,
ni cómo los divinos ruiseñores
continúan trinando sus angustias.
Y, soñando, al través de mi crepúsculo,
que ya no se alzará ni se pondrá,
pueda yo entonces recordar, dichosa
pueda dichosa, entonces olvidar.
|
Escribe tus comentarios