El sol viajaba por el cielo, contento y triunfante en su carro de fuego, lanzaba sus rayos por todo el mundo, cosa que provocaba la indignación de una nube con un humor tempestuoso, que criticaba:
Derrochador, más que derrochador, tira, tira tus rayos. ¡Ya lo verás, ya, cuantos te quedarán al final!
En las viñas cada grano de uva que maduraba en las cepas robaba un rayo por minuto, o incluso dos; y no había ni un brote de hierba, ni una araña, ni una flor, ni una gota de agua, que no hiciera lo mismo.
Tú mismo, deja que todos te tomen rayos; ¡ya verás cómo te lo agradecerán, cuando no tengas nada para dejarte robar!
El sol continuaba alegremente su viaje, regalando sus rayos por millares, por millones, sin ni siquiera contarlos.
Solamente al final del día contó los rayos que le quedaban; pero, no le faltaba ni uno. La nube, de la sorpresa,se deshizo en granizo. Y el sol se zambulló felizmente en el mar.
Ser generosos, aunque hoy en día es inusual, no es difícil, también es parte de nuestra naturaleza. Entendamos que el yo debe dejar un poco de lugar a los demás y entregar lo que uno tiene. En silencio, sin reflectores.Ahí, donde está la paz. Sea generoso(a), es una forma de vivir con plenitud.
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