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Sucede con frecuencia que los niños plantean grandes interrogaciones. Una de esas interrogaciones la hizo no hace mucho un niño de ocho años que estaba desconcertado con las interminables peleas entre su padre y su madre.
“Mama, ¿Qué dice la gente cuando se casa?
Preguntó el niño.
“Bueno, prometen quererse y amarse entre sí”
Fue comprometida la respuesta.
El muchacho lo pensó brevemente.
“Entonces… ¿Tú no estás casada, mama?
Preguntó nuevamente.
La madre no supo que contestar.
No solo en las relaciones con los que conviven con nosotros, sino en nuestros tratos con toda la gente, con frecuencia creamos hábitos de aspereza sin darnos cuenta. Y el resultado final no puede ser otro que la infelicidad.
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Etiquetas: Historias de amor
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