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Era un triste día lluvioso. Para animar la clase, el maestro pidió a los muchachos que escribiesen un ensayo de lo que hacían si tuvieran el premio mayor de la lotería. Inmediatamente, todos se entregaron a la obra.
Todos, excepto Roberto. Se recostó en el asiento y con los ojos cerrados, cruzó los brazos delante de él, en absoluto reposo. El maestro le dijo severamente:
Roberto, se supone que ibas a escribir lo que harías si tuvieras el premio mayor de la lotería.
Replicando Roberto perezosamente:
Bueno esto es exactamente lo que yo haría si tuviera un millón de pesos.
Algunas personas son así: Son demasiado egoístas, demasiado satisfechas de sí mismas, o sencillamente demasiado perezosas para compartir su buena fortuna con los demás. Se recuestan y solo descansan. Ese es su ideal de la felicidad.
Hay mucho en que se puede trabajar, para hacer mejor al mundo en que vivimos.
Una palabra amable o una alegre bienvenida, puede levantar el ánimo de un hombre fatigado y reprimido. Comparta también habilidades. Si puede cantar, hablar o escribir bien, conceda al mundo el beneficio de su buena suerte.
Actúe con este lema: “Dale al mundo lo mejor que tengas y lo mejor regresará a ti”.
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Etiquetas: Historias de amor
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