Cuenta la historia que un día el amor se le apareció a un niño, no precisamente un enorme corazón, cierto día caminaba sin rumbo ni dirección, topó con una niña de la cual él se enamoró.
Tuvo que esperar tiempo para volverla a verla, pues cuando la volvió a ver, él se decidió por hablarle.
Ninguno de los dos olvidarán cuando ambos se declararon su amistad, cierto día el niño preguntó si podía despedirse de ella con un beso en la mejilla, en lo cual no hubo problema.
El tiempo siguió pasando y el niño la invitó a salir a dar un paseo por el parque, la niña pensaba que ese día pasarían de la amistad a algo más, el niño esperaba el momento oportuno para declararle su amor, pero cuando lo iba a decir, una enorme tempestad interrumpió el momento.
No tuvo de otra que esperar otro día porque en ese momento ambos estaban empapados de la lluvia (lo cual hubiera sido el momento ideal) y ambos sentían frío.
Tuvo que ser en otra ocasión puesto que el niño lo hubiera dicho pero no sintió el valor suficiente, ese día la niña se quedó pensando en el niño y en que algún día cambiaran su amistad por algo más que eso.
Tuvo que pasar dos semanas para poder decírselo, para declarar el amor por ella. Pero aún tuvo que esperar un día para saber la respuesta, al otro día lo supo, fue un sí, en una tarde en el que el sol radiaba con gran luz, en otras palabras la tarde perfecta.
Se besaron por primera vez y desde ese entonces ambos son muy felices y fue así como al niño se le apareció el amor.
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