Cierto día mamá canguro dio a luz a un cangurito. Un día, el cangurito sacó la cabeza por el agujero de la bolsa y dijo:
¡Oh, qué grande es el mundo, madre! ¿Puedo ir a ver cómo es?
La madre canguro le contestó mientras le acariciaba dulcemente su pelo suave:
Ya te lo enseñaré yo; no es necesario que salgas de la bolsa, podrías hacerte daño o encontrar malas compañías y exponerte a peligros innecesarios.
Añadió la madre canguro:
Yo soy una madre responsable y decente.
El cangurito suspiró, se quedó callado y quietecito dentro de la bolsa. Pero el cangurito crecía, se hacía mayor, y cuando ya casi no cabía dentro de la bolsala madre le ordenó:
¡Te prohíbo que crezcas!
Y el cangurito, que era obediente, dejó de crecer en ese mismo instante.
El cangurito, desde la bolsa veía cosas y hacía preguntas a su madre. Era un chico inteligente y todo lo encontraba interesante. Pero la madre canguro estaba muy molesta porque no encontraba respuesta a muchas de las preguntas que su hijo le hacía.
Y un día acabó por decirle:
¡Te prohíbo que hagas más preguntas!
El cangurito no preguntó nunca nada más.
Un día las cosas estuvieron a punto de arreglarse. El cangurito, desde su punto de observación, vio una cangurito preciosa.
Y dijo el cangurito a su madre:
¡Madre, quiero casarme con aquella cangurito!
Y la madre le respondió:
¡Ay hijo! ¿Quieres abandonarme para irte con una cualquiera? ¡Te prohíboque te cases!
Y el cangurito no se casó.
Cuando la madre canguro se murió, vinieron a sacar al cangurito de la bolsa de la difunta. Era un animal extraño.
Su cuerpo era pequeño, Pero tenía cara de viejo.
Cuando lo dejaron en el suelo, su cuerpo se empapó de un sudor frío.
Entonces dijo el cangurito:
Tengo miedo. Por favor, ¿Pueden ponerme en el hueco de aquel árbol?
Y el cangurito pasó el resto de sus días mirando el mundo desde el árbol. De tiempo en tiempo comentaba:
¡Verdaderamente es grande el mundo!
Y es que a veces la sobreprotección resulta dañina pues a pesar de mantener con bien a alguien o algo resulta que no es lo mejor para ellos, pues mejor dejar experimentar cuidándolos. Si en verdad amas algo, debes de saber que el amor es libre pero también tú tienes esa responsabilidad de cuidarlo de modo que no repercuta en su futuro.
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