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Una vez, un peregrino se quedó en un bosque muy cerca de un pueblo y acampó debajo de un árbol para pasar la noche.
Era una noche oscura, sin estrellas ni luna y oyó una voz que gritaba:
¡La piedra, la piedra! Dame la piedra preciosa, peregrino.
Dijo un mercader.
El viejo peregrino se levantó y se acercó al hombre que gritaba y le dijo:
¿Qué piedra deseas hermano?
El mercader le respondió:
La noche pasada tuve un sueño me decía que si venia aquí esta noche, encontraría un peregrino que me darla una piedra preciosa que me haría rico para siempre.
El peregrino fue a buscar su bolsa y le dio la piedra diciéndole:
La encontré en el bosque cerca del rio, puedes quedártela.
El mercader tomó la piedra y se marchó a su casa. Una vez en su hogar abrió la mano y... ¡oh! ¡Qué sorpresa! Era un diamante. No pudo dormir en lo que quedaba de noche, daba tantas vueltas a la cama como en su cabeza.
Se levantó al amanecer volvió al lugar donde había dejado al peregrino y le dijo:
Dame por favor la fuerza que te ha permitido desprenderte de esta riqueza con tanta facilidad. Y el don de la paciencia por haber evitado agraviarme.
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Etiquetas: Historias de amor
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