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En cierta ocasión vino a mi consulta un anciano médico que hacía un año había perdido a su mujer, a quien él amaba sobremanera, sin que pudiera encontrar algo capaz de consolarle por esta pérdida.
Yo pregunto a este paciente, tan profundamente deprimido, si se le habla ocurrido pensar alguna vez lo que hubiese sucedido en caso de haber muerto él antes que su mujer.
Contestó él:
No es para imaginarlo, mi mujer se hubiera desesperado.
Entonces me permite hacerle esta observación:
Vea usted de que trance se ha librado su mujer, y usted ha sido precisamente quien se lo ha evitado, aunque esto le cueste a usted tener que llorarla ahora muerta.
En el mismo instante comenzó a tener un sentido su dolor: el sentido del sacrificio.
Su destino estaba decidido y nada podía cambiarlo, pero se habla cambiado su actitud frente a él.
El destino le había exigido la renuncia a la posibilidad de planificar su vida en el amor, pero le había quedado la posibilidad de tomar postura ante este destino, la de aceptarlo y enfrentarse a él dignamente.
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Etiquetas: Historias de amor
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