Hubo una pareja que tenía mucho tiempo de novios, llegó el cumpleaños de la joven y él lo olvidó por completo. La joven se enojó demasiado que decidió cortar con el por ese simple detalle. Era algo tonto y absurdo pero ella lo decidió así.
Frustrado ante aquel error que cometió, decidió iniciar la epopeya de conquistarla de nuevo, aunque ella aún sentía amor, no quería volver a conocerlo. Cierto día él llegó a verla a su casa, y como era de imaginar no lo recibió.
Y así pasó varios días, semanas y quizá meses, pero él nunca perdió la esperanza de encender la llama de amor. Un día ella iba saliendo de su trabajo y al salir se percató que afuera estaba a quien había amado, su primer impulso fue ir hacia él pero dio media vuelta y se dirigió hacia su casa.
Para llegar a su casa había que pasar un parque, se sentó y pidió un helado para ella sola, tratando de olvidar su pasado. Mientras lo consumía él llegó, tomó asiento y le dijo:
“Perdón, un detalle que olvidé me costó tu amor, pero ahora quiero volver a tenerlo en mi corazón”
Ella atónita de aquellas palabras contestó:
“Pero cómo… aquella vez que discutimos fui clara y no podré darte mi amor”
Él preguntó:
“Dime… ¿Sabes por qué discutimos y gritamos aquella vez?”
Contestó ella:
“Porque olvidaste mi cumpleaños y ya no sentíamos amor”
Con tranquilidad él:
“Quizá tengas razón, el amor se estaba desvaneciendo… pero la respuesta es que cuando discutimos tú y yo, nuestros corazones se habían distanciado y por eso es que discutíamos, como nuestros corazones estaban lejos había que gritar para que se escucharan, de hecho ese día los que hablaban no éramos nosotros, eran nuestros corazones pero debes de saber que cuando todo es lo contrario no hay necesidad de gritar”.
Confundida ante todo aquello, no supo que contestar.
Él le dijo:
“Debes de saber que si ya no hay amor entre nosotros, debe empezar a nacer la amistad… así que tu tienes la última palabra: amor o amistad”
Ante aquellas palabras no hubo otra respuesta más que amor. Después de todo esto ella entendió que el amor es el más noble sentimiento y que el corazón alberga aquel sentimiento.
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