Hablar o callar, es una expresión del nivel y la calidad de la comunicación en pareja, al punto que quizá no solo cuente lo que se dice; sino como se dice. Por ello, a veces es mejor callar y esperar un mejor momento para expresar lo que pensamos. En otras ocasiones lo más prudente es pensar dos veces qué se quiere decir, y en otras será mejor contar hasta diez antes de dejar salir nuestro enojo o franca agresión.
Algunas actitudes que afectan la relación de parejas, es a veces sabes que tenías la razón, ya estaba ganada, pero la manera en que lo expresaste fue como acercar un cerillo a una mecha. Tanto así que algo tan trivial que pudieron resolver juntos fácilmente, como en otras ocasiones, se convirtió en un conflicto del que quedaste arrepentida y sin, solucionar nada.
Yo lo sé todo
Una de las actitudes que más pueden molestar de la pareja es esa actitud de sabelotodo o presumidos.
EI o ella cree que sabe más, inclusive lo que el otro o la otra van a decir resulta petulante y ofensivo que, en medio de una discusión alguien salga con un " ¡Ya me esperaba que dijeras eso!".
Los busca fallas
Descalificar lo que el otro hace, tampoco ayuda a resolver nada. Cuando alguno de los dos enfatiza en los “nunca” o en los "siempre", el fracaso está prácticamente asegurado.
No es difícil escuchar: "Siempre me ignoras", "nunca me comprendes", "jamás me ofreces ayuda", "siempre te equivocas" o "siempre lo haces mal” todas esas palabras dejarán a nuestra pareja sin deseos de volverlo a intentar.
Los inflexibles
Otro de los recursos más utilizados cuando creemos que estamos resolviendo problemas de comunicación es anteponer una especie de amenaza en toda discusión: "esta, bien, te escucho; dame tu punto de vista, pero no lograrás que cambie de parecer". Sucede lo mismo cuando uno u otra amenazan reiterativamente con irse de la casa o con el divorcio porque las cosas no funcionan.
Nada hay más destructivo que estos círculos viciosos, de los cuales las parejas no se libran fácilmente porque creen que cada uno tiene la razón, porque no escuchan al otro o a la otra, y porque ninguno de los dos sabe ceder y negociar.
En términos estrictos, negociar no es ganarle al otro, sino que ambos salgan ganadores es una transacción. Es una operación de beneficio mutuo, no de vencedores y vencidos.
Hay personas que confunden negociar con imponer su punto de vista y hacer sentir al otro "perdedor". Este es un tremendo y frecuente error en la relación de pareja.
Por ello es importante saber qué es lo que en determinado momento debemos decir, pero lo es más pensar en cómo hacerlo de manera tal que sea eficiente nuestra comunicación y que sea bien recibida.
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