Fijarse en el aspecto físico es en la mayoría de las veces es lo primordial, pero en la mayoría de las veces solo ven algo superficial y nunca ven lo interior. Porque aunque un atractivo aspecto físico es una buena carta de presentación, no siempre constituye una carta de recomendación.
Detrás de un físico atractivo hay muchas cosas: actitudes, creencias, pensamientos, hábitos, cualidades y, sobre todo, defectos. Y todo eso debe ser compatible contigo, o, cuando menos, debes estar en disposición de aceptarlo. El verdadero amor comienza quizás por los ojos pero crece cuando hay una empatía entre la forma de ser y la esencia de ambas personas.
Después de la pasión de los primeros tiempos viene la tranquilidad, la rutina y la convivencia. No es que se pierda la emoción, simplemente lo que ocurre es que se transforma. Si la relación está basada solamente en una atracción superficial, y el físico que la provocó ya no está en su mejor forma, puede venir una ruptura.
Todo lo contrario, el amor que tienes por tu pareja se cimenta también en su forma de ser, sus actitudes, sus cualidades, en lo que tiene adentro, pues la relación sobrevive y se enriquece cada día. Debes, entonces, amar principalmente como es, no lo que es.
Más allá de un físico atractivo hay una persona que es, en sí misma, un mundo completo. Debes entrar en ese mundo y conocerlo antes de lanzarte a establecer una relación. Si solamente te guías por el físico, es como si te quedarás en la puerta.
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