Cuando una pareja desean unir sus vidas, para siempre dejan de compartir y se convierten en extraños… ¿Suena contradictorio? Más sin embargo hoy en día se dan estos casos.
Por ejemplo: Él, no comenta con ella sus asuntos de trabajo; hay esposas que no saben cuánto ganan sus maridos. Nunca le cuenta de sus problemas en el trabajo, porque piensa que ella no va a poder comprenderle (quizá supone que el cerebro femenino no tiene alcances para entender semejantes misterios laborales, que tontería ambos tienen la misma capacidad).
O ella consigue un trabajo, y en lugar de aportar su sueldo para el bien común de la pareja, lo guarda en una cuenta aparte y lo considera su dinero. Y tampoco le cuenta a su hombre lo que conversa con sus amigas, porque como son “cosas de mujeres” seguramente él no las entenderá.
Casos como estos demuestran que ya no tienen algo en común, simplemente viven juntos y ya. Cada caso es diferente, pero el verdadero núcleo de la cuestión es que el amor romántico es, básicamente, un asunto entre dos personas que lo comparten todo.
Si tú te encuentras en estos casos no cometas el error de apartarte así de tu pareja, ni permitas que ella o él te cierre una puerta que da acceso a determinada área de su vida. El equilibrio, aquí, es delicado, porque ambos son dos individuos autónomos, que integran una pareja, es decir, una unidad, aunque son dos, deben actuar como uno.
Es bueno conservar la individualidad en algunos casos, pero no en todos por ejemplo en el sentido de realizar tus sueños y buscar tu plenitud como ser humano, se necesita ayuda de ambos.
El autentico secreto de esto es: somos tú y yo. Pero al enamorarnos, al decidir formar una pareja, seguimos siendo tú y yo, mas nos convertimos, también y principalmente, en “nosotros”.
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