Un reclamo frecuente: los matrimonios de ahora son desechables. ¿La razón? En buena medida, antes se creía que la mujer era quien debía poner la cuota de sumisión para evitar conflictos. Ahora ellas no están dispuestas a aceptar malos tratos por mantener las apariencias y, cuando ven (igualmente los hombres) que las cosas no funcionan, simplemente toman distancia. Sin embargo, tampoco se trata de buscar la salida ante la primera diferencia, es importante vivir un proceso de ajuste necesario.
El tiempo puede ser el peor enemigo de la pareja, si ésta no alimenta la pasión y el compromiso. Cuando una persona está con alguien se acostumbra a percibir, principalmente, sus defectos, pero cuando la pierde, extraña todo lo que en verdad le aportaba. El paso de los años nunca debe ser excusa para dejar de sorprender. No se trata de decir, simplemente: “los domingos son sagrados para nosotros”; así como una persona necesita tres comidas diarias, una relación requiere de llamadas y detalles diarios.
La verdad es que cuando las cosas en el trabajo van mal, nada más reconfortante que llegar a la casa y encontrar un oasis de tranquilidad y apoyo: tu pareja. Ahora, el nacimiento de los hijos o la falta de estos, los ascensos en el trabajo o la ausencia de estos, pueden ser causa de crisis, pero potenciar el apoyo mutuo asegura su superación.
Hay que pensar en dos, pero con limites para proteger la autonomía, porque un amor sano exige cierta independencia. Muchas parejas caen en el error de vivir para su familia y se olvidan de ellos. El respeto a la vida privada fortalece el vínculo cuando este no está atado por el miedo al abandono o a la necesidad de control.
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