Una frase célebre o muy común de oír es: “ojalá mi hijo(a) se consiga una persona buena, decente y que lo merezca”. O en otras palabras, alguien en proyección de vida, formación y creencias.
De acuerdo con algunos estudios, después del enamoramiento inicial, las diferencias muy notorias (en creencias o clase social, por ejemplo) empezaran a ser causa de dificultades.
Algo que afecte más la convivencia que reemplazar una comunicación franca por una llena de ironías, en la cual, en lugar de reforzarlo positivo con un “estás muy guapa” se hace énfasis en lo negativo. Por eso, evita las indirectas (por lo general en público) “pregúntale porque como yo ya ni lo veo”. Tampoco juzgues ni hagas bromas sobre sus creencias o sus sentimientos.
Sin embargo tener una formación similar ayuda, resulta más importante no tener conflictos originados en la infancia, como celos o dependencia. Además, de acuerdo con otros estudios, la complementariedad también funciona. Así, una persona alegre, complementa a una más reservada y viceversa. Lo importante es que existan proyectos de vida similares.
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