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La mayoría de las personas existen tres temores: el fracaso, el ridículo y el rechazo.
Éste último es uno de los más fuertes y de mayor repercusión. Muchas personas no se deciden a hacer las cosas porque temen a un rechazo rotundo, lo cual a veces es muy frecuente.
Es cierto que recibir un “no” muy seco o una mirada de indiferencia no es para estar saltando de alegría, pero hay formas de aprender a ponerte un “escudo” para que el rechazo no te haga tanto daño.
Hasta el momento la mejor fórmula ha sido la risa. Pero no una risa adolorida del coraje, sino una risa auténtica, salida del corazón, una risa para darse ánimos después del rechazo. Además, el hecho de que una persona te rechace no significa que todo el mundo va a hacer lo mismo.
Normalmente esto sucede en las primeras veces, pero después de una insistencia podría cambiar la situación, también debes saber insistir, una insistencia constante podría aburrir y entonces si viene un rechazo definitivo.
Probablemente, el mal no está en ti, sino en la persona que te rechazó (probablemente). A final de cuentas, no eres monedita de oro para gustarle a todas o caerle bien a todos. Ser rechazado no quiere decir que no lo vuelvas a intentar, quizá no era aún el momento.
¡No te desanimes! Espera y vuelve a intentarlo.
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Etiquetas: Consejos de amor
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Daniela says:
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| Hay veces que de tu pareja esperas lo mismo k tu le das esos abrazos y caricias las atenciones pero solo te dan rechazos como actuar ante una actitud así cuando de una ymil formas se lo dices |
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