A distancia logras ver a quien podría ser algo contigo, entonces planeas algo para poder hablarle y ya que por fin te decides que es el momento de hablarle, quizá hasta de invitarle a salir. Comienzas a caminar... y pasas de largo, cuando mucho saludándole con la mano en un gesto absolutamente ridículo. ¡Otra vez! ¡Otra vez lo mismo! ¡Fracaso total a la hora de la hora!
Pero claro has intentado de todo, con el teléfono, pero típico que te contesta y cuelgas de inmediato, con el corazón a mil, o bien te contesta su mamá, y finges haberte equivocado de número. Y así te la pasas hacienda planes para acercarte, pero... ¡no te atreves! Pero mientras el tiempo sigue avanzando y podría ser tarde.
Pero no es para espantarse, ni mucho menos no es nada de otro mundo pero es cierto que el aproximarte a alguien que te gusta puede resultar una experiencia paralizante. Y el verdadero miedo que no debe considerarse así es el de que te rechace.
Es bueno soñar y pensar en esa persona, pero es mucho mejor hacerlo realidad. Así que te dedicas a soñar y a congelarte alternativamente, mientras la persona de tus sueños deambula alegremente por la vida sin saber de tu atroz sufrimiento ni de tu apasionada, suspirosa indecisión.
Pero no se puede estar seguro de nada en estos tiempos de incertidumbre. Y claro, tú te ilusionas cada día más y, francamente no sabes qué hacer, porque (por otro lado) te aterra la idea de que tu “amor” vaya a aceptar a alguien que si tuvo el valor suficiente para acercársele.
La cosa es sencillo, basta con acercarte, saludarla, platicar de lo que sea (menos de tu vida) o interesarte en sus gustos, o simplemente de algún producto mercadotécnico.
¿No te sientes con el valor? Pues es algo que se necesita para estas ocasiones.
Y claro, si vez que no funciona, pues simplemente retírate y no maldigas tu suerte, porque recuerda para todo hay un momento.
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