Algunos de los problemas generan una gran carga de tensión, que puede llegar a ser constante y bastante desgastante, no solo afecta en lo anímico, sino también en lo físico. La crisis en la pareja se presenta cuando la tensión estalla.
Cuando la presión es mucha y el problema sigue sin resolverse, esa frustración y el estrés resultante necesitan salir; como muchas veces no pueden estallar contra la fuente real de la crisis (la familia, la mala situación, un jefe que presiona mucho), lo más fácil (y también lo más equivocado) es estallar contra quien tienes más cerca, que en este caso es tu pareja.
La regla de oro para salir ilesos de las crisis, y hacer que el amor se fortalezca es: nunca hagas que tu pareja sea quien reciba las consecuencias.
Quizá suena fácil decirlo que de hacer, por supuesto. Sobre todo porque muchas veces la pareja puede tenor una intervención directa en la generación del problema. Uno de los dos basta demasiado, o se pone de lado de su familia y hace menos a su pareja, por ejemplo. Pero los reproches solo sirven para hacer el pleito más grande, y rara vez solucionan las cosas.
En estos casos el diálogo es lo que puede salvar la situación. El diálogo y el amor que los motiva a formar un frente común. Pero si alguno tiene agravado el problema, hay que hablarlo y ver qué se puede hacer para resolverlo. Si ninguno es el responsable, y no está en su mano poner una solución, construyan juntos una barrera y dejando preocuparse tanto.
Háganse fuertes. Formen un equipo. Mantengan siempre en mente que se aman y tengan la consigna de que nada, por fuerte o grave que sea, va a causar problemas entre ustedes. Divide y vencerás, dicen, ¿no? Bueno, aquí es al revés: únanse y triunfarán.
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