Todo amor es parte del acto revolucionario, implica cambio, para bien o para mal, pero es constante, aunque a veces se agota vuelve a resurgir con mayor fuerza.
Si se vive en amor, el corazón, el alma canta, las palabras bastan y en ocasiones sobran, pues todo florece, en los huertos hay abundancia.
El amor es un sentimiento que crea su propio lenguaje, porque además es una palabra con muchos caminos y significados, es una vía para sentirnos jubilosos.
Muchas veces en los salones de clase “amar” es el primer verbo que se enseña, incluso cuando se aprende un nuevo idioma es el único que sencillamente se recuerda. Y es que “amor” es una palabra hermosa, pero también la más profanada y ultrajada, porque lo que muchas veces se llama amor, es egoísmo.
El amor se encuentra en el interior de uno mismo, suele haber personas que buscan en la poesía una de sus huellas, otras que en las historias de películas o telenovelas insisten en encontrar formulas que les ayuden a encontrar el amor, pero todo eso es falso, porque el amor no se busca, se siente y luego, en algún momento de la existencia, llega por fin.
Entre más se siente más se aprende, pero no se le puede retener. Tantas son las cosas que se pueden aprender del amor, la principal es que su fundamento consiste no en ser amado, sino en amar.
Cuando alguien elige amar a los demás, y hay una palabra que lo ayudará en todo este proceso: actitud. La cual tiene varias causas, arraigadas en el desarrollo de la sociedad moderna.
Cuando se ama de forma auténtica, uno mismo se da cuenta de lo radical que puede llegar a ser el verdadero amor. El amor no puede ser sufrido, quien en verdad ama no puede hacer sufrir a los demás, y menos a la persona que supone querer. Todo cariño fundamenta su existencia en pequeñas cualidades, pues esto supone su única esperanza de sobrevivir.
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